Animar en Italia no es solo asistir a un evento deportivo: es un pequeño espectáculo cotidiano, hecho de pasión, gestos teatrales y un toque de sano dramatismo. Pero los aficionados de un deporte en Italia no son todos iguales…
Está el ultra, que vive cada competición como si fuera una cuestión de vida o muerte, con cánticos, tambores y pancartas dignas de Broadway.
Está el aficionado ocasional, que normalmente ignora muchos deportes, pero cuando juega Italia se convierte de repente en un improvisado experto de reglas y estrategias.
Y luego está el fan de sofá, que transforma el salón en un estadio, armado con snacks, cerveza y… escamas de Grana Padano ¡para una buena dosis de energía!
En Italia, la afición significa unir corazón, voz y sabor: porque el deporte también se vive en la mesa.
El fútbol es el rey indiscutible del deporte en Italia. De la Serie A a la selección nacional, el balón despierta emociones intensas y divide familias, barrios y oficinas. Los fanáticos italianos saben de táctica, aman los colores de su equipo y siempre están listos para inventar cánticos que se vuelven virales en un instante. El estadio es el templo, la grada es la catedral y el pitido final, la misa de despedida.
Cuando llegan las Olimpiadas, los italianos se transforman. De repente, todos saben el nombre del saltador o del corredor, aunque normalmente nadie haga caso del campeonato de waterpolo.
Las Olimpiadas son un momento de unión: el tricolor decora los balcones, los comentarios apasionados animan los días en la oficina y una generosa dosis de orgullo italiano convierte a todos en fanáticos de primera.
Es la ocasión perfecta para descubrir deportes menos conocidos y compartir la emoción de una medalla de oro como si fuera cosa de la familia: por una vez, todos del mismo lado.