Abadía de Chiaravalle

Abadía de Chiaravalle

LOS CISTERCIENSES

La orden monástica cisterciense o del Císter nació en Cîteaux, Francia, en 1098. El fundador, Roberto de Molesmes, junto con un grupo de compañeros, quería restaurar la observancia estricta de la regla de San Benito, ya que las comunidades monásticas benedictinas de la época se caracterizaban por una cierta relajación de las costumbres. Según la regla benedictina, la vida de los monjes debía dedicarse a la oración y al trabajo en los campos, dedicando especial atención a las operaciones de saneamiento y explotación racional del territorio. La elección del lugar preveía la lejanía de los núcleos de población y la cercanía a un curso de agua. Así surgieron las cinco abadías madres francesas, que encontraron una acogida favorable en todos los lugares donde se asentaron, dando vida a numerosas abadías menores.  
En 1130 en Europa comenzó el cisma, que vio la contraposición entre el papa Inocencio II y el antipapa Anacleto II; el rey Lotario II estaba a favor del primero, mientras que el rey Conrado de Suabia estaba a favor del segundo. En este contexto, el abad Bernardo de Claraval (1090-1153), una personalidad prominente, desempeñó un papel diplomático muy importante, al ponerse del lado de Inocencio II. 
Al regresar del Concilio de Pisa (1135), el clero invitó a Bernardo de Claraval a visitar la ciudad de Milán, para que llevara de nuevo a la iglesia milanesa a obedecer tanto al emperador como al pontífice. 
Su presencia contribuyó al nacimiento de la abadía de Chiaravalle (Claraval), aunque no estuvo presente en la fundación del complejo monástico, probablemente debida a algunos de sus monjes.
El primer abad de Chiaravalle fue Brunone, amigo personal de Bernardo y su compañero de expediciones diplomáticas.
Puerta principal abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)<br>Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)Puerta principal abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)
Puerta principal abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)

LA IGLESIA

La abadía de Chiaravalle fue fundada entre 1134 y 1135 en un área cenagosa y sin cultivar, donde había numerosas aldeas que fueron englobadas en las propiedades del monasterio. La ciudadanía milanesa apoyó desde el principio la fundación de la abadía, donando tierras y recaudando los fondos necesarios. A día de hoy, sin embargo, nada del primer asentamiento se conserva. La construcción de la iglesia actual se inició en 1150-60 aproximadamente. 
El edificio, hecho de ladrillo, se construyó a partir del coro y del ábside para poder llevar a cabo funciones religiosas lo antes posible, y en 1221 el arzobispo de Milán consagró oficialmente la abadía de Chiaravalle (la iglesia). Posteriormente, las obras continuaron con la construcción del primer claustro y, en la primera mitad del siglo XIV, con la adición de la torre de escaleras o torre nolare. Entre 1493 y 1497 comenzaron a construirse la sala capitular y el claustro grande, mientras que el campanario del reloj data de 1368. 
En 1798, el Directorio de la República Cisalpina decretó la supresión del monasterio y parte del complejo fue demolido. Sucesivamente, en 1860-62 el complejo experimentó más cambios debido a la construcción de la vía ferroviaria Milán-Pavía-Génova. El Claustro Grande, el noviciado, el dormitorio, la casa del abad, la sala capitular y parte de las capillas del cementerio fueron destruidos. Sin embargo, entre 1894 y 1896, comenzaron las labores de restauración por obra de la Oficina Regional para la Conservación de Monumentos, que continuaron en 1918-20 hasta que, en 1923, el núcleo de población y la abadía de Chiaravalle entraron a formar parte del territorio de Milán. En 1952, los monjes cistercienses pudieron regresar a Chiaravalle e importantes trabajos de restauración han continuado hasta las primeras décadas del nuevo milenio.
Abadía de Chiaravalle

EL MOLINO

Ubicada dentro del complejo monástico, la sugerente estructura medieval del Molino de Chiaravalle es un antiguo lugar para la molienda de granos, que hoy se ha convertido en un centro polivalente de educación a la sostenibilidad.
El Molino de Chiaravalle fue edificado en el siglo XII (el primer documento que certifica su existencia y uso data de 1238). Originalmente estaba dotado de ruedas de madera de roble, que no han llegado hasta nuestros días, y que eran movidas por las aguas del canal Vettabbia. De esta manera, se ponían en movimiento unas muelas de granito para moler los granos, que luego se recogían en los depósitos que aún se conservan en la planta baja. Hoy día, el Molino se asoma a un amplio jardín cercado que alberga un huerto y su interior está compuesto por estancias de épocas diferentes, agrupadas alrededor del edificio original. La restauración del Molino se completó en 2009 y permite llevar a cabo diferentes actividades didácticas, como congresos, talleres, laboratorios de herboristería, actividades recreativas para niños en el verano y para las escuelas durante el año escolar.
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EL CLAUSTRO

Cerca del costado derecho de la iglesia, en correspondencia con el brazo mayor de la cruz, se encuentra el claustro. Su construcción se atribuye a los mismos años que la iglesia, el período a caballo entre el siglo XII y el siguiente. Sin embargo, de la estructura original solo quedan el lado adosado a la iglesia y dos tramos. Al entrar en el claustro, por encima de la puerta de acceso, se puede admirar un fresco que representa a la Virgen en el trono con el Niño, venerada por los padres fundadores de la Orden cisterciense, los monjes de Chiaravalle (cistercienses o del Císter). A la derecha, la lápida que conmemora la fecha de fundación del 11 de febrero de 1135 y la consagración de 1221. El claustro se caracteriza por arcadas ojivales sobre columnas pareadas, algunas de las cuales tienen capiteles con motivos antropomórficos y zoomorfos. Un elemento generalizado de las abadías cistercienses son las columnas "anudadas", ubicadas en el lado noroeste, mientras que en el lado sur está el refectorio del siglo XIV. En el lado este del claustro se encuentra la Sala Capitular, lugar de toma de decisiones sobre el gobierno de la abadía y de los monjes. En el interior, en las paredes, se representan tres vistas de Milán: la Catedral en construcción, el Castillo de los Sforza con la torre de Filarete y un fragmento del campanario de una iglesia. En su interior se custodia también el antiguo retablo del altar mayor de la abadía, que representa la coronación de la Virgen con los santos Benito y Bernardo. El pavimento de la sala, caracterizado por preciosas incrustaciones de mármol, proviene de la Catedral de Milán, mientras que la cátedra abacial, de la basílica de san Ambrosio.
Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)<br>Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)
Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)

LA TORRE DE ESCALERAS

La construcción de la torre data de 1329, dos siglos después de la del monasterio de Chiaravalle, y se atribuye a Francesco Pecorari de Cremona. La torre, de 56.2 m de altura, fue construida en mampostería maciza, y con su complicado entrelazado de pisos y combinaciones remite al estilo gótico tardío lombardo, en discrepancia con los cánones de la austera arquitectura deseada por san Bernardo. 
Está constituida por tres cuerpos superpuestos de planta octogonal, cada uno compuesto por tres pisos. 
Las paredes están interrumpidas por arcos colgantes, ventanas geminadas y pequeñas logias sobre columnas, y la terminación es una cúspide cónica.
La cámara campanaria alberga una de las campanas más antiguas montadas con sistema ambrosiano, llamada Bernarda, que todavía hoy es accionada a mano por los monjes mediante una cuerda que llega hasta el suelo. La campana toca para convocar a los monjes para la liturgia de las horas y durante el sanctus de las misas conventuales. 
La torre fue modificada durante el siglo XVIII, pero gracias a una labor de restauración comenzada en 1894 por Luca Beltrami y completada en 1914 por Gaetano Moretti, pudo recuperar su aspecto original. En el dialecto milanés, la torre es llamada "ciribiciaccola", y se pueden encontrar trazas de este apodo en un antiguo trabalenguas dialectal. Probablemente el término indica a la cigüeña, que antaño anidaba en la torre.
Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)<br>Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)
Torre de escaleras abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Torre “ciribiciaccola” de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)

EL CAMPANARIO DEL RELOJ

El campanario del reloj pasa más bien desapercibido en comparación con la torre de escaleras o torre nolare. En realidad, su historia es muy interesante. 
El campanario original data de 1368, y Leonardo da Vinci lo menciona en el Códice Atlántico. 
Según esta fuente, en su interior la torre del campanario albergaba "El reloj de la torre de Chiaravalle, que muestra luna, sol, horas y minutos". Se trataba de un reloj astronómico, diseñado de acuerdo con las teorías geocéntricas difundidas en aquella época, que indicaba en diferentes cuadrantes las horas, los minutos y el movimiento de la luna y el sol. 
Según algunas fuentes, a principios del siglo XIX el reloj todavía estaba presente en el campanario, aunque, después de los saqueos realizados por los franceses a fines del siglo XVIII, sufrió daños. Desde entonces, ya no hay rastro de él. El reloj actual data de mediados del siglo XIX (1826), mientras que las cinco campanas dentro de la torre se remontan a los albores del siglo XX. Las campanas de la abadía de Chiaravalle, que se accionan manualmente, están dedicadas a los santos Ángeles de Dios, a los fieles difuntos, a san Pedro apóstol, a la Santísima Virgen del Santo Rosario y al Sagrado Corazón de Jesús.
Naves interiores de la abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)<br>Cruz naves interiores de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)Naves interiores de la abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Cruz naves interiores de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)
Naves interiores de la abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Cruz naves interiores de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)

EL INTERIOR DE LA ABADÍA

El interior de la iglesia tiene planta de cruz latina, con transepto y ábside rectilíneo y estructura de tres naves, separadas por arcos de medio punto que descansan sobre pilares cilíndricos, exentos de capitel. La nave central es la que tiene las mayores dimensiones, y está constituida por cuatro tramos, mientras que las naves laterales están divididas en ocho tramos más pequeños. El presbiterio tiene forma cuadrada y alberga el altar mayor (1689) y la cátedra abacial taraceada en 1576 por Gottardo, con la Virgen de la Leche en el panel central y los dos santos Benito y Bernardo en los laterales. Por su parte, el coro coincide con el quinto tramo de la nave central, y fue realizado en madera de nogal por Carlo Garavaglia, maestro del barroco (1645-1649), mientras que en los paneles de los asientos están representados Episodios de la vida de san Bernardo.  
En el cimborrio, constituido por una estructura de planta cuadrada, se inserta un tambor octogonal sostenido por pechinas, mientras que la cúpula presenta una sugerente decoración que recuerda la bóveda celeste. Apartando la mirada de la cúpula se pueden admirar los transeptos. El de la derecha tiene tres capillas, la primera dedicada a San Bernardo de Claraval (Chiaravalle en italiano), la segunda a la Pasión y la tercera a San Benito. Además, en correspondencia con el transepto sur se encuentra la sacristía, surgida en 1412 como pequeña capilla y posteriormente ampliada y remodelada desde 1637 hasta 1708. Por último, el transepto izquierdo con sus capillas que datan del siglo XII, dedicadas a la Magdalena (1582), a san Esteban y al Rosario.
Frescos abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)<br>Estatua de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)Frescos abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Estatua de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)
Frescos abadía de Chiaravalle milanese (izquierda)
Estatua de la Abadía de Chiaravalle milanese (derecha)

EL ARTE Y LOS FRESCOS EN EL INTERIOR DE LA ABADÍA

Según los cánones de construcción deseados por san Bernardo, inicialmente se vedó la pompa y se prohibió la decoración pictórica. Sin embargo, en los siglos posteriores a la construcción de la abadía, se aportaron grandes cambios y Chiaravalle se convirtió en un lugar valioso para la historia del arte. De hecho, actualmente podemos admirar en la contrafachada el principal ciclo de frescos de la iglesia (1613-1616) realizado por Bartolomeo Roverio y por los hermanos Giovanni Battista y Giovanni Mauro della Rovere. Las escenas representadas celebran la historia cisterciense y están distribuidas en los puntos principales del edificio: la fundación de la abadía, la alegoría femenina de la iglesia con el antipapa y los milaneses arrodillados delante, los ciudadanos fuera de Porta Romana que ofrecen la reproducción de la iglesia al santo, un grupo de artesanos dedicados a la construcción del edificio y dos milagros realizados por el religioso borgoñón durante su estancia en Milán (la curación de un niño y un exorcismo). Las naves laterales carecen de decoración pictórica, pero hay un busto de mármol de san Bernardo del siglo XVII. En las paredes del presbiterio están representadas dos visiones que tuvo san Bernardo: la Lactatio Bernardi (Lactación de san Bernardo) y el Sueño de la noche de Navidad, mientras que en la bóveda (1572), los Cuatro Evangelistas y en los plementos, Ángeles músicos. Las paredes laterales del coro (1613) presentan dos frescos del Genovesino: las Visiones de san Bernardo: Los Ángeles responden al te deum a la derecha y los Ángeles toman nota con tinta de oro, plata y negra del fervor de los cistercienses que salmodian a la izquierda. Avanzando hacia la cúpula se pueden apreciar las pinturas que decoran la base de los gajos que representan a los cuatro Evangelistas y a los Doctores de la Iglesia latina. Entre las ventanas del cimborrio están representadas dieciséis figuras de santos, y bajando con la mirada nos encontramos frente a las Historias de la Virgen. Datables en torno a mediados del siglo XIV, probablemente son obra de Stefano Fiorentino, un alumno de Giotto. Extraordinarias en su refinamiento compositivo, representan un tema único: el tránsito de María al cielo, con escenas de la anunciación que el arcángel Gabriel hace a María sobre su muerte, la deposición de su cuerpo en el sepulcro y la sucesiva Asunción al cielo en amor y cuerpo. 
El transepto de la derecha presenta el Árbol genealógico de la familia cisterciense, y en la misma pared se encuentra la escalera que conduce al antiguo dormitorio; encima de ella, la Virgen con Niño y Ángeles, obra maestra del gran pintor renacentista Bernardino Luini (1512). Todavía en el transepto de la derecha podemos admirar la Aparición de María a san Bernardo, la Construcción del cenobio de Cîteaux (Císter en español), san Bernardo y Ángeles músicos y David que aplaca la ira de Saúl. Por su parte, el transepto presenta los siguientes frescos: Bernardo de Poblet asesinado por un musulmán de España del que había convertido a su hermana, san Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, asesinado en la catedral por los soldados del rey de Inglaterra Enrique II, la Coronación de la Virgen, dos monjas cistercienses que presentan almas beatas a san Bernardo, el Martirio de monjas cistercienses en Polonia y el Martirio del abad Casimiro y de los monjes de Oliva en Prusia.
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DRENAJE DEL PANTANO

Tal y como se ha mencionado anteriormente, los monjes cistercienses solían elegir lugares con características muy peculiares para dar vida a una abadía. Las dos características fundamentales debían ser el aislamiento del lugar respecto a los núcleos de población y la presencia de un curso de agua. 
La abadía de Chiaravalle hoy día se encuentra dentro del Parque Agrícola Sur Milán, justo fuera de Porta Romana, cerca del Vettabbia, un curso de agua que se remonta a la época de la dominación romana. Sin embargo, en los años en que se construyó la abadía, la ciudad estaba rodeada por un enorme pantano, que según algunas fuentes era propiedad de la familia Archinti. La explotación agrícola del territorio fue posible solo gracias a la labor de saneamiento realizada por los monjes cistercienses con el firme apoyo de las autoridades y de la comunidad milanesa, hasta el punto de que en 1220, Federico II de Suabia garantizó a la abadía el control del curso de agua y la exención del pago de aranceles y gabelas. También por este motivo fue posible continuar las labores de saneamiento y depuración de la tierra. 
Inicialmente, las aguas de Vettabbia fueron transportadas con canalizaciones apropiadas, se excavaron zanjones y se construyeron balates. Una vez desecada la tierra, era necesario proporcionar el riego correcto y, por lo tanto, proceder a la dosificación adecuada requerida por las estaciones y los cultivos.
En la vida monástica comenzó a desempeñar un papel cada vez más importante el trabajo manual, al que se refería expresamente la regla benedictina, y pronto los monjes cistercienses se hicieron conocidos en toda la Europa medieval por su dedicación y sus habilidades técnicas.
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CULTIVO DE LA TIERRA

La importante labor de saneamiento realizada por los monjes cistercienses permitió cultivar terrenos que anteriormente eran insalubres y cenagosos. La entrega al trabajo en los campos y la recuperación de las zonas pantanosas fue una característica común de todas las abadías cistercienses que, gracias a la masiva red de comunicación que conectaba a los monjes entre ellos, pudieron intercambiarse conocimientos técnicos y adoptar los mismos sistemas incluso a muchos kilómetros de distancia.
La innovación que más contribuyó a la prosperidad de los terrenos en los años que siguieron a la operación de saneamiento fue el sistema del prado de regadío, utilizado por los monjes para el cultivo del forraje. El sistema, que pronto se extendió por todo el valle del Po, consiste en mantener un riego permanente del terreno para permitir que la hierba, protegida por la temperatura del agua, crezca incluso en los meses de invierno. 
Esta técnica permitía realizar numerosos cortes de forraje al año y proporcionaba alimento en abundancia para los animales de cría.
Muy pronto, la abadía de Chiaravalle milanese se convirtió en una verdadera explotación agrícola, con una gama de productos muy amplia: leche, productos lácteos, verduras, vino.   
Incluso hoy, los monjes se dedican a la oración y al trabajo en los campos, y dentro de la abadía hay una tienda donde es posible comprar sus productos: cosméticos, dulces, vino, productos horneados y mucho más. 
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HISTORIA DE LA PRODUCCIÓN EN LA ABADÍA DE CHIARAVALLE: EL COMIENZO

La abundante producción de forraje, utilizada como alimento para los animales de cría, condujo a una mayor producción de leche por parte de las vacas, hasta el punto de que los monjes tuvieron que inventar un sistema de conservación. 
Históricamente, este hecho es muy interesante, ya que en la Edad Media los hombres estaban condicionados por el clima y por el entorno en que vivían y no podían hacer otra cosa que seguir los ritmos naturales y las leyes biológicas. En cuanto a la agricultura y la ganadería, esto significaba estar sujeto a las estaciones y, por lo tanto, aceptar los alimentos que la naturaleza ofrecía mes tras mes. 
Las técnicas de conservación todavía estaban en los albores y se limitaban a procedimientos muy sencillos (secado al sol o salazón): la leche debía consumirse el mismo día del ordeño y los quesos no duraban mucho más. 
Después de alguna atenta reflexión y de unos cuantos experimentos, los monjes de la abadía gestaron la idea de cocer la leche durante mucho tiempo, agregando un poco de cuajo y posteriormente sometiéndola a salazón. Así nació el queso de pasta dura: este queso rústico y consistente comenzó a ser producido en las calderas de los monasterios, que se convirtieron así en las primeras queserías propiamente dichas de la historia. Bajo la atenta guía de los monjes, comenzaron a difundirse algunas figuras profesionales nuevas, los queseros, expertos precisamente en el arte de la producción del queso.
En virtud de su larga maduración, los monjes llamaron a este nuevo queso "caseus vetus", es decir, "queso viejo", para subrayar lo que lo distinguía de otros quesos de tradición anterior que, al ser frescos, debían ser consumidos rápidamente.
La gente del campo, que no estaba familiarizada con el latín, prefirió llamarlo "grana" por su pasta compacta salpicada de granos blancos, es decir, pequeños cristales de calcio que son residuos de la leche transformada. Según las provincias de producción, se añadía el término para indicar la procedencia. Entre los más citados están el lodesano (de Lodi), considerado por muchos como el más antiguo, el milanese (de Milán), el piacentino (de Piacenza) y el mantovano (de Mantua). La fama del "grana" producido en la zona del Po se consolidó con el tiempo y muy pronto se convirtió en un queso preciado, protagonista de los banquetes renacentistas de príncipes y duques. Entre los testimonios documentados, se halla una referencia en una misiva de Isabel de Este, consorte de Francisco II Gonzaga y marquesa de Mantua, quien envió el famoso queso como regalo a sus familiares, señores del ducado de Ferrara. Era el año 1504.
Gracias a sus ricas propiedades nutritivas, a su larga conservación y a la no alterabilidad de sus características alimentarias y de gusto, el "formai de grana" se convirtió en un importante alimento para la gente del campo, especialmente durante las terribles carestías.

El "Grana Padano" se convirtió así en expresión de toda una cultura social y económica, transversal a sus clases, apreciada tanto por los ricos y los nobles, acostumbrados a una cocina bastante elaborada y refinada, como por los pobres, cuyas recetas diarias son mucho más sencillas, pero tradicionales.
 
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HISTORIA DE LA PRODUCCIÓN: DESDE LOS ALBORES DEL S. XX HASTA HOY

En tiempos mucho más cercanos a nosotros, la evolución de la cultura gastronómica y de las prácticas alimentarias espoleó la necesidad de definir con claridad las características y particularidades de muchas preparaciones consideradas expresión de tradición y de la historia más o menos antigua. Nació así la idea de transformar lo que era el nombre "genérico" de un queso típico, en un nombre propio, capaz de designar a un queso único e inimitable. En definitiva, surgió el deseo de llamar "Grana Padano" solo al queso producido con materias primas muy específicas, gracias a una técnica y a un procedimiento bien definidos, y en una zona de producción igualmente delineada. El 1°de junio de 1951, en Stresa, Lago Maggiore, en la región de Piamonte, algunos técnicos y operadores queseros europeos firmaron un convenio en el que indicaron las normas precisas de la denominación de los quesos y sus características específicas. En esa ocasión, el queso "grana lodigiano" fue distinguido en dos tipos, que se corresponden hoy con el Grana Padano y el Parmigiano Reggiano. El 18 de junio de 1954, por iniciativa de Federlatte (Federación de Lecherías Cooperativas) y de Assolatte (Asociación de Industrias Lácteas), nació el Consorcio para la protección del Queso Grana Padano (Consorzio per la Tutela del Formaggio Grana Padano), en el que se reunieron todos los productores, maduradores y comerciantes del valioso queso. El 30 de octubre de 1955 se promulgó el Decreto del Presidente de la República n.º 1269 relativo al "Reconocimiento de las denominaciones sobre los métodos de elaboración, las características del producto y las zonas de producción de los quesos". Entre ellos se encuentra también Grana Padano. Sin embargo, fue solo con los decretos ministeriales de 1957 que el ‘Consorzio Tutela Grana Padano’ asumió la tarea de supervisar la producción y la comercialización del queso. El 12 de diciembre de 1976 se llevó a cabo la primera renovación de los Estatutos, que confirmaron así el proyecto y los objetivos que impulsaron a la fundación del 'Consorzio Tutela Grana Padano’, cuyo propósito, como se indica desde los primeros estatutos, era proteger la tipicidad de este queso, pero también difundir y promover su consumo a través de información correcta, iniciativas y actividades de respaldo del territorio de producción, regulando su distribución y comercialización no solo en Italia sino, cada vez más, también en el extranjero. En 1996, Grana Padano obtuvo de la Unión Europea el reconocimiento DOP – Denominación de Origen Protegida. Después de este reconocimiento, la comprobación de los requisitos necesarios para que cada rueda pueda obtener la marca a fuego es realizada por un sujeto certificador externo, actualmente el CSQA, con la aprobación del Consorcio de Protección y del Ministerio de Políticas Agrícolas. Entre 2002 y 2011, los Estatutos del ‘Consorzio Tutela Grana Padano’ fueron renovados, revisados y ampliados. Aprobados así por el Ministerio de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales, ratificaron la continuación de sus actividades y propósitos hasta la fecha prevista por ahora del 31 de diciembre de 2054.

BIBLIOGRAFÍA

P. Tomea, Chiaravalle. Arte e storia di un'abbazia cistercense
P. Caccin, L'Abbazia di Chiaravalle milanese - Il Monastero e la Chiesa - Storia e Arte
M. Addomine, Ancora sull’orologio astronomico di Chiaravalle 
M. T. Donati e T. Tibiletti, Abbazia di Chiaravalle 
L. Facchin, Abbazia di Chiaravalle Milano
 

SITIOGRAFÍA

www.granapadano.it

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